Cuando te dicen que tienes "quistes en los ovarios", es normal que te asustes y que te llenes de dudas. ¿Es lo mismo que el síndrome de ovario poliquístico? ¿Me tienen que operar? ¿Las pastillas anticonceptivas son mi única opción? En este artículo, basado en el episodio 2 del podcast Sana desde Dentro, te explico qué es realmente el SOP, cuáles son los criterios para diagnosticarlo y por qué la resistencia a la insulina es la causa más común detrás de este síndrome.
SOP no es lo mismo que tener quistes en los ovarios
Empecemos por lo más importante: tener síndrome de ovario poliquístico (SOP) no es lo mismo que tener ovarios poliquísticos o "quistes" en los ovarios. Son cosas completamente diferentes y se abordan de forma diferente.
Un síndrome es un conjunto de signos y síntomas. Los signos son datos que podemos medir, como la presión arterial o un resultado de laboratorio. Los síntomas son lo que tú refieres y no se puede medir directamente, como el cansancio o el dolor de cabeza. El SOP incluye ambos, y por eso el diagnóstico no se hace solo con un ultrasonido.
Los 3 criterios para diagnosticar SOP (criterios de Rotterdam)
Para tener el diagnóstico de SOP necesitas cumplir al menos 2 de estos 3 criterios:
1. Hiperandrogenismo (exceso de hormonas masculinas)
Los andrógenos, como la testosterona, son hormonas que tenemos hombres y mujeres. El problema es cuando en nosotras se elevan de más y aparecen señales de masculinización:
- Hirsutismo: vello grueso que crece rápido en barbilla, bigote, quijada, pezones o alrededor y debajo del ombligo.
- Alopecia androgénica: caída del cabello y debilitamiento del folículo en la zona central de la cabeza, sobre todo en las entradas.
- Acné hormonal: aparece principalmente en frente, nariz y barbilla, y puede salir también en mandíbula, pecho o espalda.
2. Anovulación u oligoanovulación (no ovulas o lo haces muy poco)
Se refleja en ciclos irregulares, en menstruaciones que se ausentan por dos o tres meses de forma cada vez más frecuente, o en dificultad para lograr un embarazo.
Y aquí quiero que te quedes con algo muy importante: la ovulación es una señal de salud, queramos o no ser mamás. Cuando ovulamos, nuestro cuerpo produce progesterona, una hormona protectora del sistema cardiovascular que además nos ayuda a tener un estado de ánimo más equilibrado. En balance con los estrógenos, contribuye a disminuir el riesgo de enfermedades cardiovasculares e incluso de algunos tipos de cáncer. Así de importante es ovular.
3. Los "famosos quistes" en el ultrasonido
Los mal llamados quistes no son más que el resultado de la falta de ovulación: si no ovulas, el folículo no se rompe, no libera el óvulo y se queda acumulado dentro del ovario. En la ecografía a veces se ve el clásico patrón de "collar de perlas" alrededor del ovario.
El término correcto es folículos, porque son los sacos que albergan al óvulo. No son tumoraciones, no significa que te tengan que operar ni que debas "expulsarlos" con pastillas, siempre y cuando no aumenten de diámetro. Lo óptimo es tener entre 8 y 12 folículos por ovario: menos de eso puede indicar que la reserva ovárica está disminuyendo, y más de 12 puede apuntar a un problema hormonal como el SOP.
Entonces, si te encontraron folículos aumentados pero no tienes datos de hiperandrogenismo ni ciclos irregulares, tienes ovario poliquístico, pero no el síndrome. Y se tratan diferente, porque en el SOP hay que buscar la causa. Por eso no a todas les funciona el inositol, ni la metformina, ni los anticonceptivos: hay distintos tipos de SOP con orígenes diferentes.
El tipo más común: SOP asociado a resistencia a la insulina
Alrededor del 80% de las mujeres con SOP tienen resistencia a la insulina. Y no, tener resistencia a la insulina no significa que ya seas diabética, pero sí es una señal de que estás cada vez más cerca, por lo que es momento de hacer cambios.
¿Cómo funciona la resistencia a la insulina?
La insulina es una hormona que libera el páncreas y que actúa como una llave: permite que la glucosa entre a la célula para producir energía. Pero cuando generamos picos de glucosa constantes durante meses o años (por exceso de azúcares refinados, comer a cada rato, sedentarismo, estrés crónico e incluso algunos anticonceptivos), el páncreas libera insulina una y otra vez, y las células se vuelven resistentes a ella.
¿El resultado? La glucosa ya no entra bien a la célula, no produces energía, y tu cuerpo lo interpreta como si no estuvieras comiendo. Entonces te pide más comida, sobre todo dulce y harinas. Comes, generas otro pico de glucosa, y el círculo vicioso se retroalimenta.
Ojo con esto: los picos de glucosa no son iguales con todos los carbohidratos. No es lo mismo comer fruta, cereales integrales o tubérculos que un alimento ultraprocesado lleno de azúcar. Dejemos de tenerle miedo a los carbohidratos en general, porque el problema no va por ahí.
Señales de resistencia a la insulina
- Fatiga y cansancio inexplicable, incluso durmiendo bien.
- Ansiedad por comer y necesidad de comer cada dos horas para evitar el "bajón".
- Acantosis nigricans: oscurecimiento con textura aterciopelada en pliegues como cuello, nuca, axilas o entrepierna. Muchas mujeres lo confunden con "suciedad" que no se quita.
- Acrocordones: pequeñas verruguitas en esas mismas zonas.
- Acumulación de grasa abdominal, esa pancita que no baja con nada aunque hagas ejercicio.
- El famoso "mal del puerco": ese cansancio intenso después de comer.
Un detalle importante: medir solo la glucosa en ayunas puede no ser suficiente, porque en etapas tempranas la glucosa todavía puede salir normal mientras la insulina ya está elevada.
¿Y qué tiene que ver con el SOP?
Cuando hay un exceso de insulina circulando, se estimula la producción de andrógenos. A más insulina, más andrógenos en sangre, y con ellos aparecen o empeoran los síntomas del SOP: acné, vello donde no debería, caída de cabello, cansancio. Por eso no puedes tratar bien un SOP sin revisar si hay resistencia a la insulina detrás.
¿Por qué los anticonceptivos no resuelven el problema de raíz?
Cuando el médico no identifica la resistencia a la insulina, lo más común es que la primera opción sean los anticonceptivos combinados. Estas pastillas aportan estrógeno y progesterona sintéticos que se sobreponen al exceso de andrógenos: literalmente parchan el problema, pero el desequilibrio sigue debajo. Sigues teniendo resistencia a la insulina, tu cuerpo sigue generando andrógenos, y los síntomas solo se controlan mientras tomas las pastillas.
¿Qué pasa cuando las dejas? Usualmente hay un rebote de los síntomas, porque nunca se solucionó la causa.
Esto no significa que nunca deban usarse. Hay casos específicos donde sí ayudan, como la hiperplasia endometrial o mujeres que llevan muchísimo tiempo sin menstruar. Pero en la mayoría de los casos de SOP asociado a resistencia a la insulina no van a dar mejoría real, y como primera línea no son lo más adecuado. Además, si tienes antecedentes familiares de várices, problemas de circulación o trombosis, tu médico debe tomarlo en cuenta, porque los anticonceptivos combinados aumentan esa predisposición.
¿Qué estudios pedir si sospechas resistencia a la insulina?
Lo primero es acudir con tu médico y solicitar estudios. Los básicos incluyen:
- Insulina en ayunas y el índice HOMA (o una prueba de Quantose).
- Triglicéridos, colesterol total, HDL y LDL.
- Según la sospecha de tu médico: pruebas de función hepática (para descartar hígado graso) y hemoglobina glucosilada, que refleja las variaciones de glucosa de los últimos tres meses.
Los estudios se personalizan de acuerdo con tus síntomas, pero estos son la base.
Los 3 pilares para empezar a revertir la resistencia a la insulina
Cuando tienes bien establecidas las bases de un buen estilo de vida, tienes de un 60 a un 70% del camino ganado, sin necesidad de comprar el suplemento más sofisticado. Estos son los tres pilares:
1. Movimiento
El sedentarismo es el nuevo fumar. No necesitas pagar un gimnasio: puedes empezar con caminatas de 20 a 30 minutos, a paso constante, de 3 a 4 veces por semana, de preferencia en un lugar con naturaleza. Las caminatas mejoran el perfil de lípidos y la sensibilidad a la insulina. Si prefieres entrenar en casa, YouTube tiene rutinas gratuitas de todo tipo. Y recuerda: mantener tu masa muscular mejora la sensibilidad a la insulina, disminuye el riesgo cardiovascular y te vuelve más longeva. El ejercicio no es un castigo, es una forma de honrar a tu cuerpo.
2. Gestión emocional y control del estrés
Cuando el cortisol, la hormona del estrés, se mantiene elevado, se eleva tu glucosa, tu insulina y tus andrógenos. Por eso hay mujeres a las que el estrés les retrasa la menstruación, les tira el cabello o les brota el acné. Tu cuerpo no distingue si esa pelea que repites en tu mente una y otra vez es real o imaginaria: libera cortisol y adrenalina igual, y te mantiene en un modo supervivencia crónico que puede enfermarte. Trabajar en tus emociones, ir a terapia y observar qué hiciste semanas antes de un brote de síntomas es parte fundamental del tratamiento.
3. Alimentación: enfócate en qué agregar, no en qué quitar
No recomiendo restricciones ni pasar hambre para sanar tu SOP, sobre todo si tienes atracones, ansiedad por comer o una mala relación con la comida. Cuando piensas en qué agregar en lugar de qué prohibir, tu cuerpo sale del estrés de la restricción.
Las grasas saludables son amigas de tus hormonas: son el sustrato para producir estrógenos y progesterona, dan saciedad y energía estable. Incluye nueces, aguacate, aceite de oliva, aceite de coco, olivas, cacao y semillas como linaza, chía, semilla de calabaza, ajonjolí y girasol, ricas en zinc, selenio y vitamina E, nutrientes que ayudan a regular las hormonas y promover la ovulación. Suma también pescados grasos como salmón, sardina, trucha o arenque, altos en omega-3 y antiinflamatorios.
Y un dato que suena contradictorio pero no lo es: la elevación de triglicéridos suele deberse más al azúcar refinado y las harinas que a las grasas que consumes.
No te enfoques en la báscula, enfócate en estar sana
Si solo te centras en bajar de peso, en dejar de comer o en ayunos prolongados matándote de hambre, no vas a tener resultados sostenibles. Los resultados que duran son los que haces poco a poco, los que disfrutas y los que entiendes. Cuando primero te enfocas en estar sana, recuperas tu calidad de vida y, como consecuencia, tu cuerpo deja de acumular grasa con facilidad.
Cuéntame: ¿te identificaste?
Si este artículo te hizo decir "esto me pasa a mí", compártelo con una amiga que lo necesite y escríbeme en los comentarios o por Instagram. En el siguiente episodio hablaremos de los demás tipos de SOP, porque no todos se tratan igual.
🎧 Escucha el episodio completo aquí:
Y suscríbete al podcast Sana desde Dentro para no perderte los próximos episodios.
Este artículo es informativo y no sustituye una consulta médica. Si presentas síntomas como los descritos, acude con un profesional de la salud para una valoración y estudios individualizados.